"Dantés se sintió lanzado al mismo tiempo a un inmenso vacío, hendiendo los aires como un pájaro herido de muerte,y bajando, bajando a una velocidad que le helaba el corazón. Aunque le atraía hacia abajo una cosa pesadísima que precipitaba su rápido vuelo, parecióle como si aquella caída durase un siglo, hasta que, por último, con un ruido espantable, se hundió en un agua helada que le hizo exhalar un grito, ahogado en el mismo instante de sumergirse.
Edmundo había sido arrojado al mar con una bala de a treinta y seis atada a sus pies.
El cementerio del castillo de If era el mar."
Alexandre Dumas, El Conde de Montecristo, Mondadori, 2004, p.185.
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