"Es el cineasta el que puede traducir los miedos y los sentimientos, las
esperanzas y las desilusiones y las penurias de las víctimas, sin
registro ni documento, volcándolas en imágenes preverbales, disparando
así recuerdos, asociaciones y emociones que anteceden al razonamiento
racional y el discurso lógico-lineal que la escritura historiográfica
requiere."
Anton Kaes, el Holocausto y el fin de la historia, en Friedlander, en torno a los límites de la representación, Universidad Nacional de Quilmes, p.315. (en tesis Milena Grass)
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